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14 junio 2019

AQUEL LEJANO SUEÑO DE VERANO




Yo era un chico inexperto
y ella un rayo de luz como una sonrisa en cascada,
un ángel dorado, pan de trigo,
sol de Suecia en la playa de San Pedro Alcántara.
Pasábamos la mañana jugueteando en la playa,
enredando como escolares;
ella debió descubrir que mi art amatoria era escasa
como mi nivel de inglés
con el que nos comunicábamos.
Nunca supe qué pudo atraerle de mi falta de pericia;
tal vez, llegara a descubrir
tras aquel canto rodado a orillas del mar
un posible diamante en el que se había encaprichado.
Era el comienzo de los sesenta,
cuando en la Costa del Sol
las suecas adquirieron nombre propio en la carnalidad
y yo no pasaba de ver en ella
sino que lo que había imaginado en los pinceles
de El Bosco ante el Jardín de las delicias
o el enigma de la sonrisa de Mona Lisa de los libros de texto.
Tantos años después, estoy satisfecho
de aquella inocencia mía,
pues el mero tacto hubiera mancillado
aquel lejano sueño de verano.

13 junio 2019

CLAROSCUROS




Antes de que se conociera como la Costa del Sol,
desde la Nacional 340 hasta la playa,
la zafra era el dulce acicate del territorio;
allá en el claroscuro de la memoria infantil
aquellos carros tirados por mulas
hasta el cargadero próximo a la carretera.
Tan antiguo como los periodos glaciares,
el sol y la bonanza climática
como señas de una identidad evolutiva
que nos recuerda las vides y los higos,
la industrialización del garum en periodo romano
y los agotados yacimientos de hierro,
cobre, cromo, níquel, plomo, grafito, platino y oro.
En el claroscuro del paso del tiempo,
todo se mueve más rápido que las placas tectónicas;
el mismo sol, el mismo clima como constante
a lo largo de los distintos medios de vida.
Los árabes traen la caña desde el lejano Oriente
y los ingenios elevan sus chimeneas a los cielos malagueños;
cambiaron los ciclos económicos y la caña cedió dulzor
al sol y playa, la sangría y la paella…
El mismo litoral, el mismo clima, pero un tiempo nuevo
que seguirá en vigor en tanto no acabemos con el planeta
como en el claroscuro de los vertederos
y los fondos marinos se visualiza.

12 junio 2019

LA MISMA EDAD, OTRAS VIVENCIAS




Después de la escuela,
con la merienda en la mano
y las canicas en el bolsillo,
la urgencia del juego metiendo prisas.
Juan tiene un balón,
pero debe jugar solo o compartir
lo que con tanto celo guarda
y se reserva el derecho de elegir.
Todos llevan honrosos remiendos en las rodillas,
a veces de un tono parecido,
pero siempre visibles a lo lejos.
La plaza es un hervidero de juegos y disputas,
donde triunfan los más habilidosos,
hasta agotar la licencia
con el pobre encendido del alumbrado público.
Los nietos de aquellos que jugábamos en la calle,
─si es que salen
una vez concluidas las extraescolares─
han roto su pantalón por las rodillas
para uniformarse al colectivo,
pero teclean en soledad sus móviles cabizbajos
o se encierran en lo recóndito de su cuarto:
la misma edad, otras vivencias.

11 junio 2019

LA MÚSICA Y LA ESPERANZA




La mar, en permanente ejecución
de su líquida partitura,
es resoplo incesante que va y viene,
es fuelle de fragua
hasta estrellarse en la sordina de la arena,
o en los sonoros platillos de la roca,
o en el dique que abraza a la playa
con mimo de estola.
A veces me adentro por el espigón
y me siento miembro de la orquesta,
entre la cuerda y la madera,
lejos del estruendo de los timbales
donde se subrayan los acentos en sorda tonalidad
y todo deja de ser armonioso.
Un día aciago nos robaron en Marbella
aquellos espigones por los que uno se adentraba
en seco por medio de la mar,
como Titán escapado de la Teogonía de Hesíodo.
Me había ensayado desde niño
en el Muelle de Piedras
y de aquel recuerdo sólo me queda
la música y la esperanza.

10 junio 2019

QUIERO PLANTAR UN ÁRBOL




Quiero plantar un árbol
y verlo crecer con pausa,
ver cómo engrosa el tronco lentamente,
según caen las hojas del calendario,
y cómo se viste
hasta formar una hermosa copa
donde aniden los pájaros.

En mi patio, tan mínimo,
no hay árboles, sólo macetas,
y los pájaros también son ausencia
o rara vez canto fugaz que pasa
como ráfaga de viento
dejando una estela de armonía
que levanta el deseo de sembrar un árbol.

Quiero plantar un árbol, ¿pero dónde?

09 junio 2019

¡QUIÉN SABE!




Se estrecha la noche, constreñida
entre un crepúsculo rezagado
y un alba acelerada de urgencias.
Por la mañana el sol azota a la ventana
antes de que suene el gallo metálico
de acordes digitales;
por las rendijas de la persiana
se asoman líneas paralelas de puntos suspensivos
que anuncian el nuevo día,
un ejército de luciérnagas paramilitares
en perfecta formación,
a la espera de ejecutar las órdenes recibidas.
Ella duerme plácidamente,
como adueñada del tiempo,
y en mis bostezos son escasos los minutos
para que suene la alarma.
Amanece, unos jóvenes vocean por la calle
el desmadre alcohólico sin el menor respeto al descanso de otros.
Una noche más, un nuevo amanecer,
similar a otros, pero único.
¿Tal vez el último? ¡Quién sabe!

08 junio 2019

MONUMENTO A LA TOLERANCIA





Lo profundo es el aire.
EDUARDO CHILLIDA


Trabajar en un hotel es como pasear el mundo
desde un punto fijo.
Como tantos otros personajes, en Madrid,
─entre miles de incógnitos huéspedes─
Eduardo Chillida, con su inequívoco porte de chicarrón del norte
y sus manos de obrero manual;
enjuto, erecto, algo combado,
hablaba de “lo profundo del aire” en su obra
y de la importancia del volumen y los vaciados,
formando un todo abigarrado y táctil
más allá de las formas definidas.
Cambié de aires en vísperas de la Expo’92
y él también vino a Sevilla a plantar
en el Muelle de la Sal
el Monumento a la Tolerancia:
una mole de hormigón que abarca todo un profuso volumen;
en esos brazos curvados de hormigón,
donde se representa la reconciliación con el viejo Sefarad,
expulsado por edicto real en 1492,
y cuyo espacio aspira a alcanzar y melar, desde el ayer al hoy,
los profundos sentimiento y enjugar las lágrimas
de todas esas generaciones con un credo intolerante.