Ha nacido una estrella en mi
jardín
como un mirto luminoso,
un verdor celeste e
inconformista
que mira arrogante desde el
ayer
o a lomos de una nube
algodonada
y es la envidia de quienes
hunden sus raíces en la
tierra
de los días,
escarbando en las
contingencias
de un tiempo en fuga.
Es jovial, agitada,
juguetona;
es contraste, es diapasón
y es armonía de un canto
lastimero
que entona endechas o mofas
de las cometas de colas que
se apagan,
que van lastrando cenizas
en las esquinas angulosas de
este otoño.






