09 diciembre 2012

EN EL ESPEJO DEL AGUA


Manuel recoge colillas por las calles, algo que me recuerda a viejas películas en blanco y negro de ese cine español que tenía más de realismo social en cuanto a imagen que denuncia. Manuel se queja de la lluvia que todo lo deja impoluto, salvo cuando se desmadra y no hay cauce ni alcantarillado capaz de soportar tanto caudal. Nunca llueve a gusto de todos, nos explicaron y hemos interiorizado en base a los lustros vividos a los que llamamos experiencia. Manuel  —decía— recoge colillas para apagar con la pequeña ascua muy cerca de los labios esa sed que se le ha convertido en vicio, un vicio que no se puede costear. Manuel es un “sin techo”, un homeless dicho más finamente. Como el lenguaje es arbitrario y admite tallas grandes, figurines imposibles y otras entalladas, lo admite todo hasta pervertirlo casi absolutamente; pero Manuel sigue teniendo necesidad de fumar porque le inocularon el vicio desde los primeros cigarrillos con el venero que respiraba entre nicotina y alquitranes. Sólo pide para café y tabaco y bendice las manos generosas que le complacen.


Miro en el espejo del agua y veo cómo las palomas se encuentran en situación bastante parecida a lo que debe parecerle a Manuel. “¡Esta maldita lluvia lo ha dejado todo limpio!” No hay colillas —piensa Manuel—, no hay migas ni restos de chuches de las que pierden los críos en sus locas carreras y sus juegos —pensarán las palomas—  No lo son, pero las palomas están negras, como Manuel, de tanto desierto inmaculado. Entre los adoquines, un pequeño charco donde seguir buscando, pero en este sólo se proyectan las ventanas de los hogares donde otros que no son Manuel deben estar tomando café y posiblemente fumando; también están ellas en un duplicado incomprensible y aun más negras. Las sombras son siempre oscuras, negras, negras muy negras, como la esperanza de Manuel en encontrar hoy alguna colilla con la que apagar la sed de ese vicio que le domina por encima del hambre.

37 comentarios:

  1. Y a mi me gustaría hacer entradas tan extraordinarias como esta de las cosas que cotidianamente vemos por las calles. Un fuerte abrazo desde Cáceres. Si entras en mi otro blog sabrás por qué estoy aqui.

    ResponderEliminar
  2. Hola, Francisco:

    Hace unos momentos dejó de llover, me asomo a la ventana y concidencialmente veo dos palomitas blancas picoteando en un charco a mitad de la calle y pienso que, tal vez, éstas si tengan alguna luz de esperanza y, no terminen como Manuel.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No me extraña, Rafael. Se trata de un hecho muy comùn.
      Un abrazo.

      Eliminar
  3. La calle como único hogar y única despensa.
    La única diferencia entre ellos, es que las palomas están mejor adaptadas a las penalidades, a la escasez y a las pedradas.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes toda la razón, Cayetano. No siempre es visible el más frágil.
      Un abrazo.

      Eliminar
  4. Algunos necesitan muy poco, sólo un cafe que les caliente el alma y poder echar humo y expulsar los malos pensamientos, y que no llueva, que moje el poco tabaco que dejan los demás. Muy triste esta historia callejara, de tantas, para este domingo soleado. Un recuerdo para Manuel y otro para tí. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Manuel es hoy casi tan numeroso como las palomas en la plaza.
      Un abrazo.

      Eliminar
  5. Felicidades Francisco. Por el texto que es magnífico con su fondo estremecedor y por la linda fotografía que lo acompaña. Desde Gran Canaria un saludo caluroso como siempre. Ángel

    ResponderEliminar
  6. Hacer lectura de lo cotidiano, es un arte que parece innato en ti,
    Preciosa y entrañable historia,
    Un abrazo,

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En lo sencillo, en lo simple está también lo complejo.
      Un abrazo.

      Eliminar
  7. Qué gran verdad esa de que nunca llueve a gusto de todos...
    Mira si no al pobre Manuel viendo reflejado el devenir de otros cuando él sólo anida la esperanza de que la lluvia no arrastre lo poco de placer que le queda.
    Es triste pensar en lo poco que les queda a tantos,en lo mal encaminados que vamos todos hacia una indiferencia absoluta hacia todo lo que no sea de puertas para adentro...
    Es grande tu entrada.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tus palabras suenan grandes en mis oídos, Marinel.
      Besos

      Eliminar
  8. En la sociedad de hoy, en la que se mira al hombre por lo que tiene con la premisa de "tanto tienes tanto vales"; algunos, aquellos poderosos que hablan de que "hay que trabajar y ganar menos", verán una coincidencia entre "el sin techo" y las palomas, ambos son improductivos y además hacen daño, uno, a las arcas del estado, el otro, al patrimonio, los ven como ratas. Si, ya se que esto es inmoral, que incluso me arrepiento de haberlo pensado y haberlo escrito, pero hoy, en unos momentos de crisis, a eso situación es a lo que quieren llevarnos a casi todos, mientras unos pocos se llenan los bolsillos a costa nuestra.

    También me llamo Manuel y tengo miedo, por mi y los míos, no quiero ser rata.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No pierdas la esperanza, Emmilio, ahí está la derrota.
      Un abrazo.

      Eliminar
  9. Brutal, estremecedora y real historia contada de manera genial.

    Un abrazo Francisco.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Genial, Elena, es contar contigo y con tu afecto.
      Besos

      Eliminar
  10. Una historia de algo cotidiano que la mayor parte de las veces nos pasa desapercibido. Las palomas por lo manos aprovechan para beber.

    Buen día

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cierto, nos pasa desapercibido la mayor parte de las veces, pero es una realidad que está en la calle los días de lluvia, los días ventosos, los días calmos y los calurosos, constantemente.
      Un abrazo

      Eliminar
  11. Estimado Francisco, creo que en tus ojos tienes una Leika que fotografía al instante y con precisión matemática todo cuánto ve y siente. Después las imágenes pasan directamente a tu cerebro, de éste a tus manos y el proceso finaliza en el teclado.
    Todo un proceso cuyo resultado ha sido este post genial.
    Felicidades. Y a ver si algún día me prestas la Leika.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué bonito me lo has dicho, José Luis! Gracias por desvelar a todos el proceso creativo. La Leika, la Canon, está al alcance de todos: depende de la forma de mirar.
      Un abrazo

      Eliminar
  12. Buenasssssssssss!!! Mal vicio el del tabaco... provoca dependencia pero todo es mental... habrá que controlar la mente. Besos mil primo.

    ResponderEliminar
  13. Es una imagen cotidiana muy triste y muy repetitiva, cada día hay más Manueles por esas calles, nos acostumbramos a verlo, malo, malo, es como si la cosa más normal del mundo fuera eso, a mi se me encoge el alma, lo dejaremos de ver algún día? Eres muy observador y lo describes muy bien
    Bssss

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu consideración, Rita, que tanto te agradezco.
      Besos

      Eliminar
  14. Así es, el lenguaje ha buscado en ese color la representación de la miseria, la desgracia y la pena. Hay mucha gente pasándolo mal, viéndolo todo NEGRO. A veces una moneda, un cigarrillo, una palabra de aliento, incluso una mirada comprensiva, atenúa tanta sombra. Y no cuesta nada.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esto que me dices me hace sentir orgulloso de lo que he dicho. No por lo que he escrito, sino por la reacción y el análisis que todos vosotros habéis hecho.
      Un abrazo

      Eliminar
  15. Nos dejas un retrato urbano común pero a la vez único según ha salido de tu pluma.Mendigo y paloma unidos por un problema ocasionado por la lluvia,nunca lo hubiera visto así.Mi enhorabuena por tu flash.

    Saludos Francisco

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El problema del mendigo es repetitivo y está en la calle esperando a que le veamos; la fotografía la tenía en el archivo de imágenes y he barajado las palabras con las que acompañar a uno y otras. Gracias, Jerónimo. Opinar y condolerse del otro también es ser comprometido cooperante.
      Un abrazo

      Eliminar
  16. De alguna manera me has recordado al episodio de mi padre en la guerra mundial. El hombre buscaba colillas para poder fumar ya que no tenía ni para comer. Lástima que en un momento de "no guerra" pase exactamente lo mismo.
    Bss

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pero hay una diferencia muy fundamental, Katy, en caso de guerra no se llega a esa situación por degradación personal, sino a unas consecuencias negativas por causas colateralares.
      Besos

      Eliminar
  17. Estimado Francisco.
    Tu comentario me ha llegado a mi antiguo blog Desde el Infierno, pero
    no llegas tarde, ni mucho menos. Aunque en el infierno sí que he apagado las calderas. Pero sin embargo puedes encontrarme en DESDE EL CIELO.
    TOMA NOTA DE SU URL:
    http://devalerodesdeelcielo.blogspot.com/

    Un cordial abrazo.

    ResponderEliminar
  18. Hola Paco, muy observador. Precioso relato aunque muy duro.
    Así es la vida. Unos se conforman con las migajas, y otros son tan avaros que ni con el desahucio de los hogares se quedan satisfechos, si no. que aun tienen que seguir estrujando a las pobres familias hasta asfixiarlas.
    Como tu muy bien dices:"" Las sombras son siempre oscuras, negras, negras muy negras, como la esperanza de Manuel en encontrar hoy alguna colilla con la que apagar la sed de ese vicio que le domina por encima del hambre""
    Qué triste que se tenga que llegar a esto.
    Saludos y besos para ti y tu esposa

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me gusta mirar el lado humano, la dignidad de las personas. Gracias, Isa.
      Besos

      Eliminar
  19. Estremecedor tu relato .. pobre Manuel y pobres palomas .. Lo más duro es que hay cada día más gente así.. y sin visos de mejorar ..
    Me ha encantado tu manera de describir algo tan descorazonador..

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cualquiera de nosotros podría caer en desgracia. Miro a estas personas con la misma dignidad que me gustaría que me miraran si yo acabara en la calle. Hoy son muchas las personas y familias que acaban en la calle después de una vida de normalidad.
      Un abrazo

      Eliminar