Abre la caracola;
quiero dejarte un rumor de
ola
que penetre por tu oído
interno
hacia lo indivisible de ti misma,
quiero llevarte el mar que
se agita
─yodado y salobre─
con el que acariciar tus
sentidos
recorriendo los parajes
de nuestro pretérito,
esos que se preñaron de
proyectos:
irrealizables unos,
deliberadamente dilatados
otros
por las lindes de nuestro
camino.
Ha nacido una voz en mi
otoño,
un pentagrama armonioso
con deseos vehementes de
primavera:
decires, requiebros, galanteos,
cortejos…
una sonrisa sonrosada y sensible
para el seno de tu torso
donde acunar mi música,
esa que musita y enhebra
mis desproporciones
y se hilvana al balcón de tu
escotadura
como salsa sabrosa.