Una infinitud de poses,
muecas jalonadas que se suceden
con mayor frecuencia que el parpadeo,
un cine mudo donde la boca
-en silencio-
dará paso a una música sugerente
y a una exhibición huera
para una puesta en escena gesticular
e intrascendente.
Belfos que evolucionan,
que gesticulan sin ton ni son
con insinuaciones vacías y sin lógica,
una mímica para nada módica
de modales impúdicos e inmorales.
Gestos, ademanes extemporáneos,
aspavientos, mímica trenzada
en el bucle sin fin de un mimo mudo
que gesticula más allá de lo exagerado
y también de lo decoroso y recatado.
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