En todo momento en vísperas,
con la esperanza de que va a suceder,
pero siempre está por llegar,
esperando el momento ingrávido,
el encuentro estrecho y jadeante
donde se colme mi impaciencia
y quedemos acoplados en un abrazo
con vocación de eterno infinito.
Me dijiste: “Hasta mañana…”
Y en mi yunque no cesa el martilleo
de tu promesa como jadeo insistente,
como demora que se renueva
sin conocer el instante de su cumplimiento.
Mañana es una prórroga indefinida,
un aplazamiento condenatorio,
una sentencia para desesperar
que nunca acaba de colmarse.
Un brindis al sol, con la incertidumbre
de un nuevo amanecer desafecto,
un amargo redoble a la desesperanza.
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