A veces estuve solo
en medio de una muchedumbre,
el gentío merodeaba mi entorno
y hasta le ponía la banda sonora
disonante y bulliciosa.
Era una espesa niebla que me envolvía
y anulaba mi personalidad y mi presencia
multiplicándome por nada y vacío.
No hablaba. Tampoco ponía atención,
salvo a mis propios pensamientos.
Había caído sobre mis hombros,
y especialmente sobre mi cabeza,
un alud de pensamientos contradictorios
que me habían sacado del entorno
por el descargadero de lo irresoluble.
Mi cabeza, una caja vacía de cartón,
la diana de los malos augurios y el abandono.
Un silencio que aturde y no da respuestas,
la eternidad revestida de absoluto,
sin opciones de luz ni de salida de emergencias.
A veces, mejor solo que mal acompañado. Bienvenida la soledad si no es impuesta.
ResponderEliminarUn abrazo.
La soledad... esa mala compañera...
ResponderEliminarSAludos.