Como la hormiga anónima,
una más en medio de una fila interminable
aportando una leve brizna al hormiguero,
un elemento tan importante como prescindible
que camina incesantemente y bajo anonimato,
que coopera en la tarea común
que ni siquiera sabe quién lidera
ni con qué metodología o principios
dicta las leyes que le compromete.
Como ese cordero de la manada
que nunca llegó a sobresalir
por ninguno de los índices del pastor,
y se quedó rezagado en la indecisión
de haber sido seleccionado
para algunos de los criterios con los que se rige.
Como ese banco de peces,
-todos iguales, todos distintos-
que se mueven por la inercia de uno entre tantos
tan anónimo como el miedo intuitivo,
-todos bajo la misma bondad e idéntica amenaza-
Así también la masa humana,
-de la que formo parte-
bajo la tutela indiscriminada de un dictador
o de un alocado caudillo
que se regodea de ejercitarse en sus caprichos
por encima de los dictados de la conciencia
y la bienandanza de la sociedad.
Al final, como todos los espacios estrechos, como el cuello del embudo, lo estrecho será para la gente corriente; lo ancho, para unos pocos afortunados que de la desgracia ajena hacen negocio.
ResponderEliminarUn abrazo.
Asi va el mundo, sin leyes, lógicas, ni conciencias...Los dictadores se creen dioses...Tu poema nos define perfectamente, pero ellos se olvidan de que todo cambia, de que todo evoluciona y ellos son seres humanos limitados y a merced del tiempo...Al final todo tiene un orden y un sentido...
ResponderEliminarMi abrazo esperanzado, amigo poeta.
La rueda del tiempo gira y quienes están arriba mañana estarán abajo, el problema es el mientras tanto, un poema revelador, Francisco, un abrazo!
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