18 febrero 2018

EQUIPAJE SIN NOMBRE



A Carmen Martagón Enrique, “Martagona”.

Con los deshilachados de este maravilloso libro de cuentos, un centón, un híbrido en forma de poema, para agradecer a mi gentil amiga el regalo de su prosa a domicilio.


Instantes de cordura, locura, dolor, miedo
e incluso recuerdos pasados;
enferma de imaginación,
supe que te amaría el resto de mi vida
por encima de nuestras diferencias
o rancios cánones sexuales para enseñarte a amar.

Las cartas y las llamadas se fueron espaciando,
te habías convertido en alguien reconocido
y entre una larga lista habías nombrado París;
parecía haber perdido la cabeza e insistía en buscarla…

En los libros nadie envejece…  
Casi cuarenta años atrás
tomó aquél tren hacia un destino equivocado
─esperó con el amor intacto─
para escapar de su triste realidad.
Los primeros insultos hacia él llegaron aquel día
que le pilló los ojos maquillados
y le devolvió los retazos infantiles que se habían descosido.

Ensayaba sonrisas cada día. Tuvo miedo, mucho miedo;
cada primavera, me gusta saber que regresa
cuando el sol asoma entre la arboleda del parque;
en el banco, un sobre sin nombre,
alguien habló de rapto, no he olvidado tu olor
ni la suavidad del dorso de tus manos;
había decidido pasar unos días
ofreciendo lo mejor de sí mismo mientras escribo:
la risa y la alegría no necesitan apelativos.

Aquella fue la última vez que recordó quién era,
ataviada con su vestido blanco,
adoraba sentarse en las tardes de invierno junto a la chimenea;
cada relato cobraba vida en su voz.

En la playa, seres inocentes buscando la tierra prometida,
a esa hora, una manta azul se secaba al sol
y se ha convertido en rutina,
me ha pedido que viniera en su lugar.

Fue un vendaval en la existencia,
una tormenta tan oscura como su hermosa melena,
entraba y salía de mi vida como un fantasma y,
de repente, la oscuridad absoluta;
así de efímera puede ser la vida de una sencilla gota.

Se enamoró tantas veces de la persona equivocada…
Una auténtica tortura despacio hacia la muerte,
llevando consigo la fragancia de su leve paso por este mundo;
tratando de incorporarse, ofreciendo su cuerpo
la lujuria les convierte en animales;
era como tener clavado un hierro ardiendo en sus entrañas.

Los niños, testigos inocentes de la locura humana,
siempre parecen asustados;
mamá no dice nada, solo llora,
esa misma madrugada, papá había sido fusilado,
cumpliendo una sentencia eternamente suya.

Esos episodios, salvaron la vida a familias enteras,
para entonces ya le había entregado su cuerpo y su vida;
para ellos seguía siendo la otra;
conocía perfectamente el exterior y no le gustaba,
pero no hubo manera:
podía sentir que le faltaba algo,
todos esos detalles pequeños que hacen la vida más grande.

El miedo había conseguido paralizarla,
parecía derrotada:
hay víctimas que sobreviven,
pero sus secuelas son, a veces, peores que la muerte.

6 comentarios:

  1. Bonita forma de agradecer la lectura de un libro amigo.
    Un abrazo, Paco.

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    1. La lectura y el propio libro a domicilio como obsequio, Cayetano.

      Un abrazo.

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  2. No tengo palabras... Me ha emocionado leer frases conocidas y repasadas, tan maravillosamente enlazadas. No sé qué decir excepto, gracias de todo corazón. Un abrazo grande.

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    1. Desde que leí los tres primeros cuentos supe que haría un centón para ti, porque me parece una bella forma de agradecerte tu genialidad creativa y tu generosidad para conmigo. Si te ha gustado, si te ha emocionado, ya estoy recompensado.

      Un fuerte abrazo.

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  3. Enhorabuena a Carmen Martagön Enrique por este nuevo libro y a ti por haber conseguido enlazar " sus palabras" en este homenaje que le haces. Un abrazo a los dos.

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    1. Gracias, Chelo, por tus amables palabras.

      Un abrazo

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