23 junio 2012

LA TRILLA


Al salir de la escuela, me dio una abuela una cesta y me pidió que le llevara la merienda a la era al abuelo. Estaba muy cerca del pueblo y era uno de los lugares habituales de los juegos, salvo en temporada de trilla, así que todos sabían que era un lugar muy conocido para mí. A la llegada, el abuelo iba subido en el trillo y este enganchado a un par de mulas que giraban sin cesar. El abuelo canturreaba coplas para mí desconocidas que jaleaban a las mulas. Mi padre se afanaba remetiendo la paja con el bieldo al centro de la parva. Me rendaron por turnos, pues había que sacar el trigo antes de que llegara la noche y aún quedaba bastante faena.

Era de arriba, Ojén, lugar donde sucedió lo que cuento.
Mientras merendaba, el abuelo me contó un cuento a propósito de la trilla: Se cuenta —me dijo muy solemne— que había un hombre trillando el día de San Juan y se le apareció un ángel que le pidió que desenganchara las mulas, pues era día de fiesta; el campesino, empero, no le hizo el menor caso y siguió jaleando a la yunta. Poco más tarde se le apareció de nuevo el ángel y le amenazó con mandar un pedrisco si no soltaba las mulas de inmediato, a lo que tampoco prestó atención y siguió haciendo sonar la tralla. Por terceras vez se le aparece el ángel, ahora enfurecido y le conminó a dejar de trillar o le mandaba un mal vecino, a lo que el labriego repuso: no te alejes, échame una mano a soltar las mulas.


Estos cuentos, esta forma de tradición oral, era el método habitual de enseñanza en aquellos tiempos. Cuando el abuelo hubo tomado el café, me subió al trillo y anduve girando y girando como un tropo por entre la paja, cada vez más deshecha, mientras él seguía con aquellas canciones que hablaban de la propia faena que en ese instante realizaba, y el cascabeleo de las mulas le hacían compás.

16 comentarios:

  1. Recuerdo muy bien aquellas eras donde tanto jugábamos. Hoy día han desaparecido y en su lugar hay grandes edificios. Un abrazo desde mi mejana

    ResponderEliminar
  2. Hoy se le pregunta a niño, tanto de ciudad como de pueblo ¿que es un trillo? y como mucho te responderá, una mesa que hay en la casa del pueblo. La trilla ha desaparecido en todos los pueblos, es una parte de nuestra cultura inmaterial que ha desaparecido, como mucho podemos encontrar el lugar donde se realizaba totalmente abandonado y lleno de porquería en las afueras del pueblo; en cuanto al trillo, alguno, se utilizan para la realización de bellas mesas a precio bastante oneroso o simplemente como ornamentación.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Cuántos recuerdos Francisco. Yo también jugaba en la era de la huerta de mis abuelos, aunque la verdad, prefería subirme al níspero, a los ciruelos o correr entre los granados.
    Jamás olvidaré aquella infancia tan plena.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. ¡Qué situaciones tan idílicas evocas en el texto! Las eras tenían un encanto especial para los niños.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  5. Gracias Francisco por compartir y recordar estas viejas enseñanzas, bonitas historias que forman parte de nuestra vida, aunque a veces nos parezca tan lejana...
    Me ha transportado a un bonito lugar,donde sus gentes dejan sus puertas abiertas... donde el pan sabe a pan... (son de hornos tradicionales)...donde los niños juegan en la plaza, donde TODOS se saludan al pasar por la calle...donde el vecino al venir de su huerta, te regala un par de tomates... ¡Y que buena ensalada, con TOMATES de verdad!!
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Hola Paco!!!! QUé recuerdos tan bonitos... Ojén, la era, la familia... antes se vivía así y yo creo que éramos muy felices. La vida en el campo tiene sus incovenientes pero resulta maravillosa. Muchos besos cariñosos primo!!!

    ResponderEliminar
  7. Dichosa vida aquella donde nuestros mayores nos fueron inculcando sus ideas y nosotros aceptándolas. Un bello comentario y una hermosa lección a la juventud de hoy. Felicidades. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  8. El ángel era un buen psicólogo: conocía bien los puntos débiles :)
    Y los cuentos de los abuelos son irreemplazables.Nunca se olvidan, por muchos años que pasen.

    Feliz fin de semana

    Bisous

    ResponderEliminar
  9. ¿Sabes? Para los que se criaron rurales estos detalles que cuentas deben tener mucha nostalgia. Para los citadinos como yo hambrientos de campo estos relatos son una ventana al sol, un cubo de aire, un pase de magia.

    Un abrazo amigo

    ResponderEliminar
  10. Yo tengo un gran recuerdo.Aquí en la costa,no se cultivaba trigo, sinó maiz,y recuerdo a mis abuelos,delante del caserío,desgranando las mazorkas,también lo hacian con las alubias,todo a mano.Era común verlos así en todos los caserios,todos
    colaboraban.¡Qué nostalgias!
    Un saludo

    ResponderEliminar
  11. Y es que un mal vecino puede ser peor que el infierno y las 7 plagas de Egipto juntos.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  12. Era el lenguaje de nuestros mayores, las parabolas eran muy socorridas, mi madre también las empleaba mucho, si, hay que procurar tener buenos vecinos
    Bssss

    ResponderEliminar
  13. Todo esto no lo conocí. Pero un par de años llevé a mis nietos a un pueblecito de Guadalajara. Y allí un hombre con una cosechadora moderna y tuvo a bien de subirlos y dar una vueltas con ellos.
    De ahi que si que puedo imaginar a los bueyes y a ti disfrutando.
    Bss y buen finde

    ResponderEliminar
  14. mil gracias querido y admirado amigo por concedernos el privilegio de ser participes de tus bellos y reflexivos recuerdos. Muchos besinos y feliz fin de semana con todo mi cariño.

    ResponderEliminar
  15. Que tiempos aquellos, tan, tan especiales y con tan buena esencia, recuerdos, cariños...

    ResponderEliminar
  16. Yo recuerdo aquellos tiempos, si¡¡ muy bonito pero no me gustaria que nadie volviera a vivirlos, porque fueron tiempos de muchas miseria, para todos los trabajadores, donde pasabamos hambre y muchas nesesidades mas, eso si mucho respeto entre las personas, eso si que lo hecho de menos

    ResponderEliminar