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11 junio 2026

LA ACRÓPOLIS SOÑADA

 




Es tan solo un boceto,

una cartulina manchada de carboncillo,

cuyas sombras hablan de un ayer remoto

que se sustenta en las lecturas,

en la vieja aventura de aquella lejana niñez

que gustaba imaginar todo aquello

que se salía por los bordes de la mente.

Sobraban los motivos

para haberme soñado bucanero o corsario,

pero también un espadachín de florete

o una versión casera del Tempranillo;

pero Dionisio el areopagita

había tomado su nombre del Areópago

y siempre quise sentir el escalofrío

de subir a la colina de Ares

por la ladera sur que lleva,

subiendo el promontorio, a la Acrópolis.

Y abrazar las columnas, y surcar con mis dedos

cada uno de sus acanalados,

distribuidos a lo largo del fuste,

y elevar la mirada al capitel y hacerme un bucle

regresando a la basa con idéntica admiración,

y dejarme tocar el corazón por alguna Cariátides,

y henchido el pecho de tanta belleza,

fijar la panorámica con Atenas al fondo,

a mis pies, y gritar: ¡Logrado!

¡He tomado la Acrópolis


2 comentarios:

  1. Yo la tomé hace un par de años. Si no fuera por los andamios...
    Saludos.

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