Su larga cabellera fue atravesada
por una espada de luz
que vino a incendiar el atardecer,
hasta transfigurarse
y subir y subir sin ataduras y sin desvanecerse.
A lomos de sus escasos años,
todo cuanto anidaba en su corazón
eran sueños esperanzados,
aventuras que el devenir y la sorpresa
deshilachaban en sus tardes de ocio.
Con las lecturas,
llegó a hacerse una capa ingrávida
con la que cabalgar los sueños
y surcar los cielos
hasta trascender más allá de las estrellas.
No había alcanzado aún el punto álgido,
pero en sus adentros sabía que estaba próximo,
que ese era el camino.
Y al tiempo que hizo volar su cometa
hasta desaparecer por los confines del infinito,
su volátil imaginación cabalgó los cielos
y fue al encuentro de aventuras soñadas
desempolvando sus fantasías
y arropándose en ellas.

Volar y luego desaparecer. En un suspiro. Metáfora de la vida.
ResponderEliminarUn abrazo.
En la cometa se cumplen sueños imposibles como la volatilidad de la gravedad.
EliminarUn abrazo.
¿Y quién sostiene el hilo?
ResponderEliminarLa imaginación, lo mas poderoso de los dones recibidos.
EliminarUn abrazo.
Vivir, soñar, volar y desaparecer.
ResponderEliminarTe deseo una semana santa como acostumbres vivirla y que te haga sentir muy bien.
Un abrazo.
Para ello me preparo, Sara. Que a ti se te cumplan también tus sueños.
EliminarUn abrazo.
Recuerdo los días de mi infancia y el armar y elevar y soñar al ver su vuelo! U
ResponderEliminarLa infancia es esa patria a la que regresar cada vez que necesitamos refugio.
EliminarSe me disparó el dedo! Un abrazo Francisco!
ResponderEliminarLas tecnologías nos preceden, María Cristina, y parece que tengan vida propia.
EliminarUn abrazo.