La paz, quietud absoluta,
superficie del agua en el remanso
de un plácido estanque,
la línea del horizonte en la planicie
que invita al sosiego;
hasta que cae una hoja,
o quizás un pequeño guijarro
e inaugura círculos concéntricos
que rompen el espejo de la superficie.
Basta un flequillo anaranjado
y una lengua estropajosa,
una ambición desmedida,
el ensueño de un aspirante a emperador,
la insaciable apetencia de lo ajeno,
o un repentino aumento de aranceles;
los desasosiegos de un temporal
o el radicalismo de una trama política
que ansía lo del otro a toda costa,
para desestabilizar en un traspiés
el equilibrio precedente
y hacer del presente,
con nocturnidad y alevosía,
un futuro imperfecto.

El mundo en manos de psicópatas e idiotas. Una combinación explosiva. Nunca mejor dicho.
ResponderEliminarSalud.