En el silencio que precede a la bulla,
en esos instantes de caos
donde se perfila el trasiego
y los rezagados alteran el recogimiento...
¡Ven y cólmame!
En el esfuerzo penúltimo de los ensayos,
en la revisión de todos los enseres:
la morcilla, la faja, el costal,
el alma traslúcida y entregada...
¡Ven y cólmame!
En tañido afligido de cada redoble,
en el pesado camino del calvario,
en la marcialidad contenida de cada nota
y en el dibujo de mis desfiguraciones...
¡Ven y cólmame!
En la revirá, en el ¡vámonos de frente!,
en el sobre los pies o en el menos paso quiero,
en cada levantá, en cada golpe de martillo,
como nudillos acerados sobre mi piel...
¡Ven y cólmame!
En el ámbito silente de la banda de música,
en la sonoridad mística de la música de capilla,
en las estridencias de los tambores y cornetas,
con el alma sobrecogida o con espasmos…
¡Ven y cólmame!

No sé si te refieres a una invocación religiosa o a tu amada, aprovechando las apreturas del evento.
ResponderEliminarEs igual, Cayetano. El autor es solo dueño de su intencionalidad y pensamientos, y el lector de la interpretación que mejor le ajuste a su forma de ver y entender: todo es válido.
EliminarUn abrazo.
Una imagen y un poema sobrecogedores, Francisco, un abrazo!
ResponderEliminarEsa ha sido mi intención. Si así lo ves, me confirmas que lo he logrado. Muchísimas gracias.
EliminarUn abrazo.
Me encanta encontrarme por la noche, en la calle con esos ensayos.
ResponderEliminarPues ya se han acabado los ensayos, desde hoy Viernes de Dolores, ya están las primeras cofradías haciendo sus recorridos oficiales.
EliminarUn abrazo.