Noche infinita, eternizada en los anhelos
desde la caída de la tarde;
tonos opacos que invitan a la excitación
y también a soñar despiertos.
Ojos aceitunados, negros
o también pardos o castaño claro;
desorbitados buscando el amanecer
y la amenaza de pasar de largo.
Azules virando a verdosos,
un sofoco de impaciencia;
frío, mucho frío y sudores de dudas:
tal vez pasen de largo.
La exigencia
es confrontarlo con el sueño,
ahí donde la fantasía monta a lomos
de los caprichos, y se revisten de realidad.
En la calle sigue el tumulto,
pero en mi corazón de niño
pernocta “sine die” la ilusión.

Y eso que de niños nos regalaban pocas cosas, no como ahora.
ResponderEliminarRecuerdo aquellos pequeños cubos de cartón coloreados en todas sus caras, un rompecabezas que en breve no se me resistía.
EliminarUn abrazo.