03 enero 2026

CANTERA ORAL

 



Venimos del hondón del vacío,

de la placidez oronda y confortable

donde se prodigan los mimos y la ternura,

de donde se comunica y nace la vida;

la boca franqueada tan solo para el llanto,

-apenas un boceto que grita y reclama-

pero con la habilidad del corta y pega

facultado para apropiarse por imitación.


De la cantera familiar, la calle, la escuela,

el caudal embalsado de dimensiones elásticas,

casi infinitas: un pedrusco, una china,

un pequeño guijarro o una roca tallada,

entre gorjeos, risas y lágrimas,

inventariando las riquezas que se acumulan.


Y allá, en la alborada de su amanecer,

se abriga con el ademán de un gesto amable,

o con el aljamiado ancestro de sus predecesores

dibujando arabescos armónicos y dúctiles,

como encendido arrebol de insultante lozanía.


En el azul de su horizonte, la dulce bonhomía

que le ha sido inculcada junto a la ternura,

la delicadeza gestual y amable

que viene del candor, de la sinceridad,

la sencillez, la ingenuidad y la pureza de ánimo.


En el resquemor lúcido de la vorágine,

la sonoridad de un susurro que recala en el alma,

se anida, se arraiga, se abriga, y allí florece.

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