En la orilla de la espera
se palpa el silencio,
como se palpa la humedad de la llovizna
a pesar de su prudente presencia.
No es silencio,
es alerta, es escucha atenta.
Son los cinco sentidos puestos en servicio,
como el imaginaria responsable
que carga sombre sus hombros
el descanso de toda la compañía.
No se hace notar, pero es activa,
energía que se derrama y empapa la tierra.
En el parterre hay júbilo,
una fiesta de agua imperceptible
que se filtra hasta las raíces de las plantas
y las vigoriza.
Aquí sigo, a la espera, en silencio,
expectante a la oportunidad del encuentro
en el que derramarme en tus brazos.














