27 marzo 2016

NUESTRA SEÑORA DE LA AURORA




¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
(Lc 24, 5)

Eran a penas las primeras luces del alba,
cuando el frío se agudiza
como enroque de toda la noche en vela
o filo del cuchillo, sangre helada
en un borbotón de angustias
que empieza a distinguir las sombras.

                        La piedra estaba corrida
y el sudario era un lienzo manchado y flácido
que desmayaba la brisa por el suelo:
No está aquí el que está vivo.
─repetían las santa mujeres─
pero, ¿cómo creer a esas histéricas?

En el primer día de la semana,
Virgen del más bello amanecer,
Aurora refulgente que has trocado
el filo acerado del puñal en gozo,
por la buena nueva que deshiela
en dulzura  el amargor de Getsemaní
y el tormento infinito del Calvario,
te agitas con premura desde Santa Marina
sabiendo ─como intuías─ que vive para siempre.

6 comentarios:

  1. Has sabido plasmar a la perfección esta imagen Saludos

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    1. Muchisimas gracias por comentarnos tu parecer.

      Un abrazo.

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  2. Hermosos versos que me hacen sentir el corazón apretado en un puño...Yo no soy una mujer con Fe como la que tú sientes, sin embargo cada vez que estoy cerca de alguien que si la tiene, que la desborda de la manera que tú lo haces...siento ganas de llorar...
    Besos....un hermoso comienzo de semana

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    1. Me alegra de forma especial estas palabras de tu comentario, Diva. Creo que en el fondo todas las personas tenemos una pizca de fe, algo que en cierto momento nos remueve el alma y que no sabemos explicar. Mis mejores deseos para ti, que tengas una vida plena y feliz.

      Besos.

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  3. Imagino la alegría de los apóstoles, pero la alegría de María debió ser infinita al ver y sentir vivo a su hijo, rodeado de esa luz divina y eterna...Todos debemos alegrarnos y sentirnos agradecidos. La Resurrección sigue siendo la mejor noticia que podemos tener.
    Mi abrazo y mi ánimo siempre, Francisco.
    M.Jesús

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    1. Creo que ella lo intuía. María guardaba todo en su corazón y no necesitó como el resto esperar a Pentecostés para saber de qué iba todo como el resto.

      Mi cariño, María Jesús, y un abrazo.

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