31 marzo 2011

GUERRA EN LIBIA

El aire estaba putrefacto antes del primer disparo. Las madres sabemos qué es lo que están maquinando nuestros hijos antes de que éstos se alisten, porque algo en nuestras entrañas se arruga hasta sentir un dolor insoportable que nos acerca al borde de la misma muerte. Parecía que el mundo entero nos había vuelto la espalda y estaban saltando por los aires la brizna de esperanza que pretendían traer a Libia aquellos que se levantaron contra el régimen, pero llegaron en la víspera y soltaron metralla que ellos llaman selectiva y nosotras dudamos de tanta precisión. Llanto y encierro; ocultamiento y llanto por mis hijos y por los hijos de todas esas madres que lloran a uno y otro lado del fuego.

El desierto es una duna de muerte donde el viento sólo trae fétido olor a cadáveres, vidas que sajan mi vida, vidas que claman ante un espectáculo tan desolador. No hay suministros, sólo carencias y hambre; cuerpos retorcidos entre los restos quemados por el fuego aéreo. Una vez más, el poderoso, desde su atalaya, señala con su dedo el sendero de la muerte ajena y se mantiene en la cúspide como buitres carroñeros que aguardan al festín de los despojos, mientras las madres lloramos la muerte de todos los hijos: los propios por el desgarro que el sonido de las bombas infiere como hierro candente en nuestras entrañas; de los ajenos, porque no hay muerte de un soldado sin extremo dolor materno.

Todos van ganando; todos dicen falsedades. A estas horas no sé cuántos de mis cinco varones siguen vivos y cuantos han teñido con su sangre las arenas, esas manchas como de tinta roja que quieren lavar mis lágrimas. Salgo del escondrijo y un amasijo de escombros e hierros retorcidos presentan una imagen fantasmagórica donde se ha ausentado la vida. Todo está calcinado hasta donde alcanza mi vista. Entre los escombros, restos humanos descuartizados y chamuscados. A escasos metros, lo que fueron tres camiones que han sido diana del fuego enemigo; de dos de ellos aún salen llamas de los neumáticos que elevan al cielo una humareda infecta negra y pestilente. Restos humanos, muchos restos humanos esparcidos por todos sitios; no hay supervivientes, no reconozco entre tanto despojo la identidad de ninguno de mis hijos, pero sigo llorando por los sufrimientos de tantas madres. Oigo voces y me acerco con mucho cuidado: sobre un tanque calcinado media docena de jóvenes ondeando la bandera, una victoria de unos sobre la muerte de otros. En la guerra, unos hacen cantos de gloria sobre la sangre ajena derramada, mientras las madres lloramos todas las muertes de todos los hijos.


12 comentarios:

  1. Certero texto Francisco. Siempre lo digo, si dependiera sólo de las mujeres, habría pocas guerras, porque nadie como una madre sufre el dolor y la pérdida del hijo propio o ajeno.

    Un beso.

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  2. Triste, muy triste la guerra. Todas las guerras. Las injustas y las justas. ¿Quién dijo que hay guerras justas? No una madre, por supuesto.

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  3. Todos dicen ¡no! ahora no es lo mismo. ¿Por qué? ¡Ah! Esta es una guerra con permiso . Sí, una guerra con permiso pero ¿y los muertos? ¿No son iguales los muertos? .
    Las madres sí que son todas iguales, y todas llorán las muertes de sus hijos . Muy oportuna esta publicación Un saludo

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  4. Hola buenos días amig@, voy estar unos días fuera y no quería irme sin antes pasar a felicitarte el fin de semana.
    Espero lo pases estupendamente al lado de quienes te aprecian y aprecias, como yo lo pienso pasar con los míos en mi tierra...

    Un beso en compañía del “Trasgu” y de la brisa a la orilla del Cantábrico

    Muackkkkk
    Muackkkkkkkk

    María del Carmen.

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  5. No va a ganar nadie y seguro que perdemos todos.
    Un saludo.

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  6. "tristes guerras si no es el amor la empresa". Estoy con Cayetano. Las guerras las perdemos todos, pero siempre hay algunos que las pierden más que otros :(

    Un beso

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  7. Guerra, conflicto armado... qué más da. Se matan unos a otros, se conquistan terrenos que se pierden y se vuelven a reconquistar y mientras mueren los más débiles.
    Una pena.
    Tu texto una buena manera de denunciarla.
    Besos

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  8. Malditas guerras, el ser humano nunca aprenderá, presumimos de civilizados y nos matamos entre nosotros igual que lo hicieron en las cavernas, siempre será así???

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  9. ¡Que bochorno!. Sin comentarios. Tu lo has dicho todo. Saludos

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  10. Hay una frase que esuché una vez por ahí, decía que si los países del mundo estuvieran gobernados por mujeres, no existirían las guerras porque si no, tendríamos que mandar a nuestros hijos.
    Excelente entrada. Escribes fantástico.
    Un abrazo.

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  11. No soporto las gurras, ni siquiera el mencionarlas. Por desgracia tengo recuerdos muy dolorosos en mi niñez.
    "En la guerra, unos hacen cantos de gloria sobre la sangre ajena derramada, mientras las madres lloramos todas las muertes de todos los hijos."
    Tanto de los vencedores como de los vencidos.
    Excelente

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  12. Tú lo has dicho, Francisco. El dolor de las madres no se tiene en cuenta, en los inteses creados de las GUERRAS.
    Los que las provocan,( Porque todas las gerras, comienzan mucho antes que el estallido)¿no tendrán madre? ¿no saben el lacerante dolor que ellas sienten?
    Y si lo saben...¿no les importa?
    El ser humano. ¿no sabe de la finitud de su materia? y si lo sabe ¿a que los conflictos armados con sus nefastas consecuencias a pesar de llegar a un triunfo, tan negativo por haber conseguido un "BOTÍN" de intereses y/o poder?
    Felicitaciones por tan acertado post.
    Un beso: Juliana

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