Sueñan las crisálidas,
durante el duermevela invernal
los brillos y capa de lunares
de su despertar en primavera,
cuando la albahaca es primor clorofila
y fragancia virginal el azahar
del naranjo y el limonero.
Yo sueño el reverdecer
de los caminos y veredas,
la pasión extrema de los lirios,
el incienso y el humo de los cirios,
la vida retoñada al fin,
como sorpresa incomprensible y esperada.
El calendario avanza torpemente
y el capataz ajusta y calibra,
-hombro con hombro-
tallas y talles donde posar la carga.
El jazmín anuncia el acontecimiento,
y el cíngulo y el esparto
el ajuste preciso y adecuado.
El martillo, con su tono de acento,
golpeará el instante preciso.
Larga es la espera,
charcos y más cúmulos y cirros,
desde estos arracimados días de invierno.

A veces pienso que el calendario no avanza, que se ha quedado estancado, embarrado por la lluvia. También me acuerdo de Noé.
ResponderEliminarSaludos.
Cayetano, espero que Noé acabe de construir el nuevo arca antes de que sea demasiado tarde.
EliminarUna sonrisa y un abrazo.
Pero que bien escribes , has ganado solera con los años.
ResponderEliminarHoy en mi blog se habla de ti. Gracias y un abrazo
De ti solo puedo esperar bondad y generosidad, Chelo.
EliminarUn fuerte abrazo.
Hermosísimo poema, Francisco, gracias, un abrazo!
ResponderEliminarP.D. Chelo nos recordó visitarte
No le hagas mucho caso a Chelo, María Cristina, uno habla siempre bien de sus pertenencias y Chelo es una amiga y una devoción muy especial.
EliminarUn abrazo.
Es hermoso encontrar sitios donde se hable de tu escritura, querido Paco poeta amigo. Un gran abrazo y mi felicitación, no te digo mucho más, porque tú sabes bien lo bastante que te admiro.
ResponderEliminarMuchísimas gracias, Sara. Pero no olvides que Chelo no me enjuicia, ella hablará siempre bien de mí, con o sin motivos.
EliminarUn abrazo, Sara.