"Este
pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está
lejos de mí.
(Mc 7, 6)
Cada quien a lo suyo, interiorismo,
tal vez escaparate bien esmerilado:
cada uno a su interés y a su pecunio,
conservando los criterios formales
con los que revestir de solemnidad,
la ancestral tradición y las maneras.
Huestes que cumplen con rigor
las etiquetas sociales: cada pauta,
cada norma, cada arraigo sensato
y también los formalismos vacíos,
esos que nos hemos entregado
y nos conducen por las vías diáfanas
de lo que conviene y es menester.
Las normas, la lúcida propaganda,
el formalismo social de incluir a los inclusos,
de mirar de soslayo a quienes no convienen,
a los de color cetrino o retinto, a las etnias
que han dejado una larga secuela
-vivencial y adversa-
en nuestras añoradas tradiciones,
salvo los que han pasado por palacios
y han sido servidos por palaciegos.
Normas, porque más vale prevenir,
que amarga y tristemente lamentar.

De todas las normas que hay, la que menos me gusta es la Duval.
ResponderEliminarUn abrazo.
Es que a las personas no les ocurre como a los grandes retratos, que se eternizan. Las personas siguen la senda del deterioro y dejan de ser mito para convertirse en recuerdo.
EliminarUn abrazo.
Ser auténtico VS Identidad social
ResponderEliminar🌹
Entre ambos, una distancia insalvable. Muchas gracias, Merche.
EliminarUn abrazo.
Vivir cerca de lo que nos hace bien, tomar distancia de lo contrario y ya nada perturba, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarTienes razón, María Cristina, pero el equilibrio suele ser mayormente inestable.
EliminarUn abrazo.
Todos sabemos cuál es la norma.
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