31 julio 2018

SIERRA BLANCA





Verano.
El campo se estremece de sed
y la sombra del algarrobo
es un oasis sin agua
desde donde escuchar la sintonía monótona
de los grillos en su cárcel de sol.

El romero perdió su flor, mas no su aroma
en competencia con el cantueso,
para ofrecer un festival al roce con ellas
mientras la perdiz canta sus salmos guturales.

El tomillo invita al festín
y el orégano, granado, a la recolección,
ahora prohibida.
Sobre el pinsapo, un búho sestea
la vigilia nocturna
y un macho montés luciendo cornamenta
se enseñorea sobre un pedestal de roca
y marca su dominio territorial
con su sola presencia.

Sol justiciero aliviado con la brisa
y allá abajo, en el horizonte azul,
donde se trasparenta el Atlas,
un sinfín de vidas humanas buscando
el frunce festivo de sus vacaciones.

En plena sierra, la vida transcurre,
como hace miles de años,
oteada por una primilla
con el leve planeo de sus alas.

Muchas cotas, y en cada nivel
un mundo diferente. Y todos ellos juntos,
la maravilla de la naturaleza que me vio nacer
y que recrea estos días de encuentro y júbilo.

6 comentarios:

  1. Sólo alguien, que adora el campo y la naturaleza, puede escribir un homenaje tan maravilloso, como el que logras tú en este poema, Francisco. Sencillamente perfecto. Un abrazo.

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    1. Muchísimas gracias por tu generosidad, Sechat.

      Un abrazo.

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  2. Respuestas
    1. Ahora veo que no salió la respuesta a Cayetano, siendo que él merece tanto.

      Un abrazo.

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  3. Bello poema. Así de preciosa es la naturaleza.
    Un abrazo

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    1. Y así de preciosa eres tú, Isa, y de generosa.

      Un abrazo.

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