No son sobre nominativos;
también apesta y es basura,
pero no son sobres,
aunque están junto al buzón amarillo de Correos...
Hay derechos encontrados
y hay mucho encontradizo de lo impropio.
Por fortuna es invierno, aquí es invierno,
—no en la tierra de mis lectores del Sur—
pero las bajas temperaturas
no lo soportan todo
y pronto tendremos que andar por las calles
con mascarillas en espera del azahar,
esa flor signo de pureza que lo perfuma todo;
pero no, no podemos esperar tanto
con las basuras esparcidas
y todos encogidos de hombros
a la espera de que el tiempo pase su pátina
de olvido, borrón y cuenta nueva.
No hablo de sobres,
hablo de regeneración,
de honestidad, vergüenza y hombría de bien;
palabrerías de otro tiempo
—pensarán algunos—
que debiera cultivarse perennemente.
Debería llorar;
sí, me apetece llorar:
yo no he sido, yo tampoco, yo pongo la mano en el fuego por...
Quiero llorar,
pero no quiero que mis lágrimas
me impidan oír el mea culpa,
si es que se produce
o el porqué del alboroto hediondo en las calles.
Dicen algunos que hemos devaluado la marca España,
que la hemos hecho indigerible
y de ahí la nausea y el vómito generalizado.
No hablo de sobres,
de sobres que se inscriben en B;
yo hablo de basura,
que también apesta y se escribe en A.