06 febrero 2013

DISCULPAS

He tenido un día tan ocupado de la mañana a la noche, acompañado de problemas físicos (espero que transitorios), que no he podido leer ni contestar los muchos blogs que sigo a través de Reader. Por todo ello, y como respuesta general, os pido disculpas y os prometo salir a vuestro encuentro cuanto antes.

Un fuerte abrazo a todos.

Paco

OTRA ESPERANZA


Veintipocos años, maestra, ahora les llaman educadoras, pero hace lo que hicieron desde tiempo inmemorial los maestros: darse ellos mismos con su ejemplo y sus conocimientos para educar a los pequeños. Es vocacional. Vive de ello, pero tiene la suerte de haberse formado y esforzado por lo que más le apasiona. Vive modestamente, porque los maestros en nuestra patria son y siempre han sido modestos salarialmente hablando, como si los pilares de la educación, los cimientos sobre los que cargar las estructuras y las cubiertas del saber carecieran de importancia. Sí, hay un horario, pero un horario que se distorsiona cada vez que las exigencias de su trabajo le exigen una entrega más allá de lo estricto.

Esperanza

Tiene novio y es otro afortunado que también trabaja pero, de momento, entre ambos, no reúnen las características necesarias para hacerse con una vivienda modesta y construir el nido familiar que se proponen,  espera que lleva adelante con alegre sonrisa y haciendo gala de su nombre. De su  tiempo libre entrega una buena porción a darse ella misma en Cáritas y a engullir y masticar los problemas ajenos como propios. Se inquieta, se preocupa, sugiere, tiende la mano y no cierra la puerta a la esperanza de quienes ya están desesperanzados. Cuando termina la jornada, con algo de cansancio, todavía le quedan fuerzas para dar gracias por ser útil a los demás.

El pasado verano, usando sus propios medios económicos, se marchó al norte de Argentina como cooperante a una misión, a quienes entregó su esfuerzo, sus vacaciones al completo y sus sonrisas. A su regreso era ella la agradecida por lo mucho recibido y por haber aprendido a vivir con muchísimo menos de lo que aquí usamos, por haber comprendido que es más cálido un abrazo que una llamada o un whatsapp por el Smartphone.

Por todo ello, mientras tengamos personas como esta  —ella se llama Esperanza—, llámense como se llamen; mientras entre nuestros jóvenes el caso de esta veinteañera no sea una rareza sino una cotidianidad, nos queda la esperanza de subvertir el orden de las cosas y que sean las personas quienes ocupen los primeros lugares.

05 febrero 2013

ESPERANZA



                                              La esperanza es como el ensueño de un hombre despierto.            
                                                                                                                              Aristóteles            

Son muchos los indicativos del presente que no invitan precisamente a la esperanza: aumentan las personas que caen en paro, desciende el número de cotizantes a la seguridad social poniendo en peligro más que amenazante las pensiones de los cada día mayor número de jubilados,  la voracidad asociativa de la banca cada día mayor y en menos manos, los recortes en prestaciones sociales, salud, educación, el imparable número de familias sin ningún tipo de ingreso que pordiosea entre instituciones y comedores sociales...     No, no me he olvidado de los indecentes que prometen lo que no cumplen, que mienten, que hacen lo contrario de lo que prometieron, que sobrecogen, que blanquea con B, aquellos que doblegan voluntades con el cebo de las subvenciones anónimas, los que roban con descaro y se llevan los amasijos a paraísos fiscales...

Pon tú, lector, los muchos etcéteras que circulan estos días por los medios de comunicación, pero no te dejes engañar, pues los hay en todas las filas y de todos los signos. Pero esta hecatombe que estamos viviendo tiene un símbolo claro hacia la esperanza. No podía ser eterno este crecimiento indefinido y fantástico, esta edificación económica sin cimientos o construida sobre la arena movediza de la improvisación y el ladrillazo. Ahora sabemos demasiadas cosas. Sabemos que no hay institución, ni siquiera la más alta de todas, que esté en condiciones de arrojar la primera piedra, y este hundimiento no es otra cosa que el fondo mismo del Hades, donde todo lo que cabe esperar es tomar impulso para brincar y salir de las llamas del Seol.

Tiene que venir un tiempo nuevo donde no tenga cabida la corrupción, donde la democracia no se limite a otorgar licencia para todo durante cuatro años sin control alguno, donde el bipartidismo de paso a una sociedad plural de listas abiertas y el honor y la honestidad recuperen el espacio que nunca debieran haber perdido; un tiempo donde la solidaridad acerque más y más a los seres humanos hasta hacernos sentir que el mal ajeno también es daño propio. Se han abierto las fronteras al dinero, se ha universalizado los negocios, se fabrica allá donde es más económico a cambio de salarios de hambre para satisfacer las necesidades de quienes viven en un primer mundo cada vez en peores condiciones que pronto tampoco podremos comprar.

La prensa fue el cuarto poder y hoy está en decadencia, en cambio las redes sociales no son fáciles de amordazar e informan en tiempo real de cuanto acontece en cualquier parte del mundo y convocan en tiempo record lo que antes necesitaba de ediciones clandestinas de panfletos y distribución más que arriesgada. Estamos despiertos y el hombre despierto, como dice Aristóteles, no sólo ensueña, sino que se le llena el corazón de esperanza. Las calles de Sevilla están llenas de basura, pero hemos descubierto que son otras muchas las basuras mucho más urgente de erradicar y necesitamos hacer limpieza urgente: nos espera la luz al otro lado del túnel.

04 febrero 2013

LO IMPROBABLE



A veces nos empeñamos en alcanzar lo improbable y hasta se nos hace imposible: comer la sopa con un tenedor, bajar a la cima y subir a la sima, adelgazar sin pasar hambre, aprender alemán sin esfuerzo, trabajar poco y cobrar mucho, que tu madre esté eternamente a tu retaguardia, engañar y no ser nunca defraudado, defraudar y que nunca se descubra, hablar con exabruptos y crear un clima de amistad y confianza, aprobar sin dar un palo al agua, dejar un vicio sin buscar antes un buen apoyo, tocar con virtuosismo un instrumento sin haber intentado abrir por primera vez el estuche donde se guarda, que te toque la lotería sin haber metido, que te entreguen un sobre sin ser sobrecogedor, despejar la equis que muchos insisten que está en la suma de A + B...     Si el pollito quiere beber, es conveniente que sepa nadar.

03 febrero 2013

LA CASA DE MIS SUEÑOS


El otro día, mi amiga Luján Fraix nos presentó la mansión de Julio Iglesias en Punta Cana, todo un derroche de espacio y lujo en medio de una naturaleza paradisiaca. Yo comenté en su blog: “Con todos mis respetos, no es la casa que me gusta. Ni me gusta una casa aislada, ni un palacio desarbolado medio deshabitado. Prefiero un espacio más reducido, más íntimo, más vivo, más vivido...”  Por cierto, que Julio Iglesias tiene otra mansión en mi pueblo, en Ojén, Málaga, en una gran finca en medio del monte; pero  es verdad que desde ese día me viene rondando en la cabeza cómo sería la casa de mis sueños.


No me gustan los espacios demasiado grandes, tampoco los tan angostos que resultan irrespirables, pero sí diré cuáles son esos mínimos que me hacen soñar cuando pienso en mi vivienda. Por supuesto una cocina suficiente donde pueda haber una mesa para comer o al menos para hacer el desayuno. Un dormitorio con tálamo matrimonial donde seguir de por vida dando y recibiendo calor, a veces para el encuentro y otras para el “no te pegues tanto que hace calor”. Un baño sin bañera, con una hermosa ducha y un cuarto de invitados con su propio baño. Como es normal, un salón donde compartir y poder disfrutar de la compañía de los amigos en momentos especiales, pero con una chimenea donde durante el invierno no faltase el olor a leña quemada y el rescoldo que tanto echo de menos. Y una habitación privada, con mi estudio, mi ordenador, mi reproductor de música, estantes de libros en lugar de paredes y un caballete con un lienzo para los momentos inspirados.

Hasta ahora nada imposible, nada que no esté más o menos al alcance de quienes tuvimos al alcance poder hacernos con una vivienda y más o menos lo que ya tengo, pero me falta para idealizarla que en lugar de un piso sea una vivienda de planta baja y única, con su porche en la parte anterior y su patio trasero. Un porche donde recibir los primeros rayos de sol de cada amanecer desde una mecedora y despedirlos cuando se ponen dorados por el poniente; algunas plantas. No sé, pero que no falte un jazmín ni una dama de noche. En la trasera un patio con macetas, un limonero y una barbacoa donde celebrar la llegada de los amigos y agasajarlos; donde la visita de los nietos no sea un incomodo sino un esparcimiento para ellos y un recreo para nuestro espíritu. Con su columpio, sus tumbonas y un arriate que lo circunde y haga del espacio un lugar cercano a la naturaleza.

Ya sé que tales características son incompatibles con vivir en el centro de la ciudad, así que tendría que optar entre vivir en una urbanización que teatraliza a la naturaleza, pero que sólo es un simulacro, o vivir en la ciudad con sus ruidos y sus gentes, con sus sugestivos programas, sus museos, sus exposiciones, sus problemas de tráfico; pero sin porche, sin patio y sin chimenea. Con la temperatura actual, los dos primeros son impracticables, pero ¡cómo echo de menos esa chimenea!, el olor a leña y una luz indirecta sobre las páginas del libro sobre el que seguir soñando. 

02 febrero 2013

NO SON SOBRES



No son sobre nominativos;
también apesta y es basura,
pero no son sobres,
aunque están junto al buzón amarillo de Correos...
Hay derechos encontrados
y hay mucho encontradizo de lo impropio.
Por fortuna es invierno, aquí es invierno,
—no en la tierra de mis lectores del Sur—
pero las bajas temperaturas
no lo soportan todo
y pronto tendremos que andar por las calles
con mascarillas en espera del azahar,
esa flor signo de pureza que lo perfuma todo;
pero no, no podemos esperar tanto
con las basuras esparcidas
y todos encogidos de hombros
a la espera de que el tiempo pase su pátina
de olvido, borrón y cuenta nueva.
No hablo de sobres,
hablo de regeneración,
de honestidad, vergüenza y hombría de bien;
palabrerías de otro tiempo
—pensarán algunos—
que debiera cultivarse perennemente.
Debería llorar;
sí, me apetece llorar:
yo no he sido, yo tampoco, yo pongo la mano en el fuego por...
Quiero llorar,
pero no quiero que mis lágrimas
me impidan oír el mea culpa,
si es que se produce
o el porqué del alboroto hediondo en las calles.
Dicen algunos que hemos devaluado la marca España,
que la hemos hecho indigerible
y de ahí la nausea y el vómito generalizado.
No hablo de sobres,
de sobres que se inscriben en B;
yo hablo de basura,
que también apesta y se escribe en A.

01 febrero 2013

LA LUZ DEL NUEVO DÍA



Antes de que despunte el nuevo día,
antes de de que el claror disipe
la gasa parda con la que nos envuelve
la noche que se dilata somnolienta;
o se enciende la luminaria
de la ilusión con un bosquejo
que quiere ser sonrisa franca,
o arrastrarás para toda la jornada
el cíngulo que te subyuga
emulsionando una noche con otra
con sus pesadillas y sobresaltos.
Antes de que amanezca
eres tú quien decides si el sol será
opaco o luminoso,
lúgubre o brillante;
en ti, sólo en ti la opción
por la esperanza que todo lo trastoca
y acciona el interruptor
de la hoguera solar que todo lo ilumina:
sólo amanece si así tú lo decides.