En fila de a uno,
de a dos,
o de a tres,
o de a más.
Una hilera de chopos
cubriendo carrera,
hojas temblorosas,
nerviosas,
inquietas,
perfilan el río
con su envés blanquecino
y su guiño verde.
La brisa hace acordes
entre sus ramas,
y las hojas coquetas
se miran y retocan
en el espejo del agua.
Un juego de armonías,
de notas sueltas
y silbos entonados,
un cruce de miradas
en la memoria
que jamás se desgasta.
Agua que brinca,
agua que canta,
agua que salta,
y los chopos la escolta,
por siempre alertas,
animosas miradas,
verdiblanca sonrisas
siempre en guardia.

Precioso paisaje te ha inspirado, Francisco, un abrazo!
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