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06 junio 2026

EL TELÉFONO

 



No suena,

es un lastre en el bolsillo,

un ladrillo que ladra inoportunamente,

que lastra el cuerpo y esclaviza el ánimo.

Es verdad que le he quitado el sonido;

vibra y yo tiemblo.

Tampoco es esta la llamada que espero:

una desconocida, de marca inoportuna,

quiere venderme algo que no necesito;

allana el camino con un tuteo repelente,

aunque en verdad lo molesto

es que no entre la llamada esperada.

Quienes venimos de operadoras

y de tiempos de demora,

estamos lejos de adaptarnos

a tanta innecesaria tecnología.

Antes, en ese pasado que se alejó,

todo se resolvía en ventanilla,

aguardando cola.

¿Quién da la vez?

Y te fijabas en la blusa o el peinado,

o en la chaqueta a cuadros, raída por los codos,

y el pelo atusado con brillantina.

Introduzca su DNI o el certificado digital…

A estas alturas, bloqueado

y con cierta angustia,

¿alcanzaré algún día la cita con el psicólogo?



1 comentario:

  1. Ahora hay un robot que te va enviando a diferentes lugares y nunca llegamos al que se necesita, pero digámoslo en voz baja, nos van a criticar los jóvenes robotizados, Francisco, un abrazo!

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