30 septiembre 2015

EN LA AZOTEA




En esta ciudad del bajo Guadalquivir, el nivel freático es presencia a la distancia que un niño ahonda un hoyo con sus manitas, en tanto juega. Mientras la fiesta en la Alameda y el tráfico rodado exasperan al más templado de los hombres serenos; por eso subir a la azotea es vivir en la vecindad del mismo cielo. Tejados, monteras y otras azoteas ondean al viento abanderadas sábanas que se agitan saludándote sin distinción entre casas, calles ni abolengos. El cielo está azul, pero una masa de algodones inmaculados se persiguen una tras otra como quien corre un tul blanco entre el poniente y el nordeste, usando el mismo pasillo que ha abierto la brisa. Espadañas que se asoman a curiosear el repique te las campanas vecinas, conventos y parroquias en competencia, tañen la llamada de las horas. A ras de suelo, el tráfico subraya el caos que en la azotea se ha convertido en paz. A media distancia la Torre de los Perdigones y a mis espaldas la de Don Fadrique, y un batir de alas de vencejos con sus gorjeos característicos. Hacia el norte, el Puente del Alamillo con su tirante enhiesto y enseñoreado y, hacia el sur, siguiendo el discurrir del río, la Torre Pelli con sus muchos metros de redondez y orgullo reciente. Al sureste, el señorío barroco de Sevilla rematado en Giradillo. En la azotea, el panorama es como un pinar de cemento y ladrillos, un lugar donde respirar y una perspectiva desde la que todo está más cerca de lo divino que de lo humano.

14 comentarios:

  1. Mi azotea mira a Sierra Nevada, hoy podemos divisar las primeras nieves que ya han caído.

    Un abrazo.

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  2. A mi vuelta encuentro como, igual que antes, tus palabras son capaces de transformar cualquier realidad en un sueño precioso.

    Gracias Francisco.

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    1. Mil gracias, Añil, por tu regreso y por tu manera de leer.

      Besos.

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  3. Gratos recuerdos me traes. Juegos de la infancia en la azotea de la casa de los abuelos en la calle Sierpes. Un caballo de cartón y una tortuga, casi de la edad de mis progenitores, que siempre se escondía.
    Un saludo.

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    1. Confieso que el texto ha salido por el deseo de subir a la azotea, pero no estoy subiendo últimamente.

      Un abrazo.

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  4. Al leerte, siento la brisa en mi cara y esa paz que reina en tu azotea...conozco poco de Sevilla y ya quedé prendada, tu haces que me enamore.

    Besos

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    1. Ese enamoramiento es el mejor cumplido que puedes tener hacia mi.

      Besos

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  5. En Granada, a las azoteas se les llamaba antes torres, quizá porque en las casas antiguas tenían esa forma. En mi casa actual le llamamos simplemente terraza y desde ella se ve Sierra Nevada, pero con un bosque de antenas y cables delante.

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    1. Las torres tienen ciertas diferencias con las azoteas, ya que éstas son una cubierta plana, impermeabilizada y solada. La visión de Sierra Nevada es inigualable, Yo pase dos meses de invierno de soldado en Granada y disfruté muchísimo de la ciudad. Pero esta subida me ha servido como juego para imaginar desde el escritorio lo destacado que sé que existe.

      Besos.

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  6. Con tan sólo su lectura, ya me siento en esa azotea, respirando el aire de Sevilla y contemplando este hermoso panorama. Conozco la visión de Sevilla, desde la setas de la Encarnación, en donde he subido en dos ocasiones.

    Besos

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    1. Gracias por compartir esa visión que he ofrecido, bastante genuina por cierto.

      Besos.

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  7. He vivido Sevilla desde tu azotra como si estuviera allí.
    Todo un milagro.

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  8. Es un lujo poder ver desde lo alto sin que nadie moleste.También es bello saber valorarlo como tu lo haces.Besos

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