En el mar de este gentío
de Ojén en fiestas
—hoy día de la Virgen del Pilar—,
tu mano es el salvoconducto
que me libera y licita,
el ungüento para aquella herida
de amor adolescente
en esta misma geografía
de calles intrincadas
y cuyo epicentro es la plaza
que ahora es jolgorio;
que son, calles y plaza, patria
y que hicimos feudo itinerante.
Aquí crecimos,
aquí nos encontramos,
se entrecruzaron nuestras miradas
y aquí nos fundimos en la unicidad,
apagando la sed
del uno en el otro,
y el hambre aplazada
en la espera de ser bendecidos.
Próximos ya los cincuenta años
de aquellas primeras miradas,
hoy el azar de la fiesta
nos remueve la memoria
y celebramos con mayor dicha
y menor fuego de artificio,
aquel encuentro que fue
umbral de nuestras vidas,
puerta de entrada a nuestro hogar.


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