27 febrero 2010

VERBO ESQUIVO

Verbo esquivo, como dúctiles manos
que acarician los entornos áridos
para soslayar la opinión límpida;
escurridizo cual pompa de jabón
tornasolada de perfiles vagos
que eluden o lidian en lo perspicuo.

¿Y qué hay de la viga en el mío?

Verbo que quiere aplomarse rehuyendo,
atrincherado en manos que quieren ser
blancas, mas cargadas de cobardía
por evitar el cuerpo a cuerpo y huir
con bálsamos de contentación sosa
que acaso sólo a algunos satisface.

¿Y qué hay de la viga en el mío?

Verbo esquivo, mentiroso y falaz
de formas sutiles y amaneradas,
que se oculta en la tangente vidriosa
como parapeto que quiere ser
indemne, sin llegar por ello a agradar
sus edulcoradas formas vacías.

¿Y qué hay de la viga en el mío?

26 febrero 2010

PERTINAZ SEQUÍA; LLUVIA PERTINAZ

A los Joaquines que me siguen y me leen con fidelidad

Que el hombre le ha perdido el respeto a la naturaleza es bastante evidente, como también lo es que somos una sociedad inspirada en el movimiento pendular de los extremos. Con nuestras escasas anchuras de miras se nos ha olvidado que los procesos vitales son cíclicos, que detrás de un monte hay otro monte y que las olas tienen secuencias y compases musicales, que los años de abundancia serán seguidos por años de escasez (Gn 41, 2ss), que los cauces secos de los arroyos son el aliviadero natural de los montes, y que la energía potencial del agua es más fuerte y poderosa que nuestro engreído endiosamiento de dominadores del medio. Y así, en la ceguera de la suficiencia humana, hemos construido en propiedad ajena, hasta que la naturaleza que tiene memoria de elefante y cédula en el registro universal de la propiedad dice esto me pertenece. Y de aquellos atropellos estas inundaciones.

Hace unos meses, a regañadientes, se trasvasaron unos hectómetros de agua a las Tablas de Daimiel ante lo irreversible de la situación, aunque hoy rebosan abundancia; los escuálidos pantanos de anteayer, de todas las cuencas, están desembalsando ante el peligro de que salten por los aires las presas; hemos pasado de la Visa Oro a la proliferación de las tiendas de chinos con el mismo visto y no visto con el que los bancos daban créditos hipotecarios por encima del cien por cien de la tasación del inmueble y ahora han tenido que ser ellos apuntalados por el erario público. Hemos pasado del boom de la construcción al ladrillazo, de ser país de emigrantes a receptor de ellos y de paso que sean los venidos de fuera quienes paguen nuestras pensiones, y quienes aumenten el índice de natalidad de los que antes éramos familias muy numerosas; de exigir la pertenencia al G8 por derecho propio, a mendigar algo de prestigio en el concierto internacional para que el dinero no trate de huir de incertidumbres. Hemos cerrado temporalmente El Bulli, pero cada día abren nuevos comedores de la misericordia.

Esperemos que algún día aprendamos que lo mucho es vecino de lo poco, como la tormenta de la calma. ¿Comprenderemos alguna vez el ritmo de los tiempos? ¿Aprenderemos de una vez por todas la media aritmética?

22 febrero 2010

TÁNTALO

Según la mitología griega, Tántalo era rey de Frigia, hijo de Zeus y de la ninfa Pluto. Era amado por los dioses y hasta lo invitaban a participar de sus festejos en el Olimpo. Pero Tántalo ocultaba sentimientos ocultos y tenebrosos, además de ser un pillo muy sagaz. En cierta ocasión robó alimento de los dioses (néctar y ambrosía), para repartirlos entre sus amigos y concubinas.

En otra ocasión se puso a divulgar entre los mortales secretos de los dioses y hasta juró en falso ante Hermes. También llegó a negar la divinidad de Apolo y en otro instante invitó a los dioses a un fastuoso banquete que organizó en el monte Sípilo, en el que no escatimó gastos. Pero llegado un momento se dio cuenta que no le era posible alimentar a todos satisfactoriamente y urdió un terrible plan con el que pretendió engañar a sus comensales: tomó a su pequeño hijo Pélope y lo descuartizó, luego coció sus miembros y los sirvió a los invitados presentándolo como un plato exótico. Descubierto, el castigo de Zeus a Tántalo consistió en estar en un lago con el agua a la altura de la barbilla, bajo un árbol de ramas bajas repletas de frutas. Cada vez que Tántalo, desesperado por el hambre o la sed, intentaba tomar una fruta o sorber algo de agua, éstos se retiraban inmediatamente de su alcance, de modo que su castigo era estar eternamente insatisfecho.

Algo así es lo que nos sucede hoy con la insaciable apetencia de consumo. El consumismo nos encadena al suplicio angustioso de la insatisfacción: cuanto más compramos, cuantas más cosas logramos tener, muchas más son las que apetecemos. En este momento triste de crisis económica aguda, cuando más que nunca es imposible llegar a satisfacer la vorágine consumista, merece la pena que tengamos en cuenta que no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita.

15 febrero 2010

TAUROMAQUIA

Hace ya algún tiempo me preguntaba ¿hay alguien ahí? Y es que desde la soledad de la pantalla en blanco, de no recibir algún comentario, uno tiene la sensación de hablar en el desierto, por tanto, ser interpelado por mi lector y amigo Joaquín es justificante más que suficiente para abordar el tema que me solicita. No me considero aficionado, ya que este término, dentro del mundillo taurino, implica un conocimiento profundo del toro que yo no alcanzo, pero a porta gayola quiero manifestar mi gusto y admiración por esta manifestación artística que tan largo arraigo tiene en nuestra tierra.

Aunque la disputa de meses atrás sobre la concesión de la Medalla de Oro de las Bellas Artes a Francisco Rivera Ordoñez sólo sea materia secundaria en el tema central que se me propone, no quiero dejar de pasar la ocasión para calificar de mezquinos a todos aquellos que le han ninguneado el reconocimiento. Como sucede con ocasión de otros premios, Francisco no tiene la fuerza y torería indiscutible de su padre, Paquirri, y mucho menos la singularidad artística de su abuelo Antonio Ordoñez, pero creo que son unos cicateros aquellos de su profesión que han querido devolver sus galardones como oposición formal y frontal al reconocimiento.

“…Henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal…” (Gn 1, 28) ¿Acaso le da patente de corso Dios al hombre para obrar a su antojo? Evidentemente no, pero sí le autoriza a servirse de todo lo creado en su provecho. Y así desde siempre el hombre se ha alimentado de proteínas animales y ha usado de éstos para que le ayuden a roturar la tierra, como animales de tiro, de cetrería, de compañía, de diversión…

La tauromaquia se remonta a la noche de los tiempos y así se refleja en algunas pinturas rupestres; más tarde, en el imperio romano, es usado el toro para la lucha contra gladiadores y como diversión sacrificial contra los cristianos; desde la edad media se practica el lanceo de toros, pero será a partir del siglo XVIII cuando nazca lo que hoy conocemos como corridas de toros. Como comprendo que este espacio no es el lugar donde hacer un tratado -ni me siento capacitado para ello-, y como el interés está no en la tradición histórica -que no admite dudas-, sino en pronunciarse si se trata o no de un arte, afirmo rotundamente que lo es.

Si el torero se limitara a escapar de la acometividad del morlaco, si fuera un zafio matarife cuyo único objetivo fuera el de dar muerte al animal o un hábil combatiente en la arena del circo, difícilmente podríamos hablar de arte, pero cuando pone su destreza en expresar estampas fugaces que envuelven al miedo de virilidad plástica, cuando traza en el aire arabescos acompasados a la acometida de la fiera y es la inteligencia quien burla a la fuerza bruta, no dudo que ahí hay una expresión artística.

Quien practica un deporte de riesgo lanzándose al vacío desde un puente o desde una cima, sin duda, tiene arrestos para aguantar el subidón de adrenalina, pero carece de expresión artística. Hace ya bastantes años que tuve ocasión de ver un quite en Las Ventas a Rafael de Paula: una verónica y una media de cartel; escueto, efímero, pero no he podido olvidar la estampa. De él dijo Antonio Gala en su toreo hay una sutil música callada. No quiero extenderme con ejemplos como aquella memorable corrida en la plaza de toros de Marbella, en la que alternaban Antonio Bienvenida, Antonio Ordoñez y Joaquín Bernadó; o aquella otra con toros de Victorino Martín en la que lidiaban en Madrid Ruiz Miguel, Francisco Esplá y José Luís Palomar: toreros y ganadero por la puerta grande.

Algunos se plantean la prohibición de la fiesta taurina. Y como el arte de arte se retroalimenta, qué ocurriría con otras expresiones artísticas como la música, la literatura, la pintura. ¿Expurgamos las tauromaquias de Goya y Picasso? ¿Sacamos del repertorio operístico a la Carmen de Biset? ¿Qué nos quedaría del pasodoble? ¿Entregamos al barbero inquisidor El Cossio?

No cabe duda que la muerte del animal puede resultar repulsiva para muchas personas, sobre todo en estos tiempos en los que una buena parte de la humanidad está sensibilizada más que nunca con la conservación de la naturaleza y sus especies, pero las prohibiciones me encienden la alarma de dictadura a la vista. A mi entender, ante el panorama de quiénes son los promotores de esta iniciativa, es posible que el objetivo sea más político que conservacionista o misericorde, siendo lo importante marcar la no españolidad.

13 febrero 2010

ZOZOBRA

Esto es un grito desesperado para el gobierno y la oposición: llegados a la caótica situación en la que nos encontramos, déjense de papanaterías, pónganse el traje de faena y, todos de la mano, cuerpo a cuerpo, sáquenos de este mar convulso que a tanta gente ya ha hecho naufragar y que amenaza con tragarnos a todos.

Ni monárquico, ni republicano, sino a favor de la cordura: llegada es la hora de que se olviden de los protagonismos. ¡Manos a la obra!

10 febrero 2010

CULTO AL CUERPO

Le he oído en más de una ocasión a mi amigo el Dr. Luís Fernández cómo nuestra vida se sustenta en un trípode que debemos cuidar y equilibrar: ejercicio físico moderado, una alimentación sana y ejercicio cognitivo. Por otro lado, también he aprendido que ejercicio significa actividad destinada a adquirir, desarrollar o conservar una facultad. Pero nos hemos empeñado en el culto al cuerpo de tal forma que hemos perdido el sentido del equilibrio.

La publicidad nos bombardea con andanadas de productos adelgazantes, dietas milagrosas, tallas imposibles, cirugía plástica y reparadora, anabolizantes y otras químicas que sólo alcanzan a destrozar la vida de quienes caen en estas redes; productos y prácticas que a lo sumo, con mucho sacrificio y bastante suerte, nos van a proporcionar un cuerpo diez, perfectamente vacío.

Decía san Agustín que la verdad reside en el ser interior, y para san Francisco de Asís la vida que verdaderamente merece la pena es la de dentro. En este momento me vienen a la mente numerosos nombres de personas esculturales que son como vasijas, huecas por falta de contenido, cuyos nombres no pronuncio por prudencia. Una legión de chicos y chicas, y de no tan chicos, han caído en los extremos de la bulimia o la anorexia esclavos de una especie de idolatría a su propio cuerpo, al cual terminan odiando.

Hoy hablan los medios de los daños irreversibles que causan al organismo el uso continuado de productos adelgazantes. ¡Cuánta razón tiene mi amigo Luís! Nuestro cuerpo necesita un trípode de equilibrio en el que apoyarlo.

04 febrero 2010

PENSIONISTAS

Después de los muchos tropiezos dados en el camino de la vida, de los numerosos pronósticos fallidos, después de haber fracasado en tantas ocasiones en las que intenté dirigir el ritmo de los tiempos, hace una época que me he empeñado en vivir en el aquí y ahora para evitar tantos batacazos. Llegados a estas alturas de la vida uno sabe que desconoce casi todo y se pliega al destino y lo aguarda en la dulzura apacible de una vejez con el menor número de sobresaltos.

Pero en los últimos días nuestros gobernantes se han empeñado en que los meandros de este fluir hacia la desembocadura se conviertan en brincos y cabriolas al vacío, posiblemente con la esperanza de que, puestos en el vértice de la inseguridad, un número considerable de los mayores desarrollemos la energía potencial del miedo al futuro y acortemos nuestra existencia, bajando así considerablemente el número de perceptores de la Seguridad Social.

De la única forma que puedo alcanzar a entender –sólo someramente- la economía del estado es transportándola a las necesidades y equilibrios de la vida familiar; llegado a este punto, comprendo que cuando merman los ingresos y crecen las necesidades no queda otro remedio que adoptar soluciones drásticas. Esto me lleva, en el camino inverso, a comprender que si el sistema de pensiones atendía a jubilados con una expectativa de vida de unos cinco años, esperanza de vida que se ha disparado hasta los quince -gracias al estado del bienestar-, alguna medida habrá que tomar para que el sistema no se vaya a la bancarrota.

Lo malo es que parece que nuestros dirigentes están tratando de resolver el problema a base de globos sonda, posiblemente con la aviesa intención de llevarse por delante a un número considerable de ancianos, a los que el miedo a perder o mermar considerablemente sus paguitas les lancen a las puertas del averno.

Como decía, yo sigo empeñado en vivir el presente e intentando no padecer por lo que está por llegar. Me siento como parte del pueblo elegido, caminando por el desierto, sin rumbo fijo y confiado a pesar de las amenazas y desmentidos: ahora maná, luego codornices y antes o después la tierra prometida, un descanso eterno en el que ya no me podrán inquietar ni manipular. Pensionistas, unámonos en espíritu al Desayuno Nacional de la Oración que esta mañana compartirá nuestro presidente en Washington; seguramente nuestra mayor necesidad hoy día sea la de rezar: ¡Virgencita, déjame como estoy!